John Doe espera el Metal Muerte en mínuscula y sin peros en la boca sellada. Más allá se encuentra el vacío de siempre pero ya no le importa: comiendo como está; llena la boca; hastiados los oídos y cargada la escopeta.
El último viajero pasa de largo rebotando en las miradas del gentío que ya no tiene nada que decir.
Y es que probablemente me asuste menos que algunos a la hora señalada porque el entrenamiento ha sido árduo, gigantesco, mareante desde una bonanza letárgica y putrefacta.
No hay quién gane en esta carrera, nunca, porque más allá del apagón ni líos, ni fiestas, ni garras desde la sombra; solo luces (o eso dicen) con fecha de caducidad que duran lo justo para tranquilizarse y aceptar. Yo casi he estado allí, con lo que la ventaja es evidente; pero que la envidia no corroa el poco tiempo que os queda, pequeños turistas orgullosos del paso, del paseo, del segundo muerto que ya no es.

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